Una historia de empatía en Tordillo

En la noche del pasado viernes (3), tuvo lugar en el distrito de Tordillo una hermosa historia de empatía, solidaridad y honestidad. El taxista Alberto Gómez, de Mar del Plata, sufrió un incidente con su auto a la altura de Gral. Conesa y fue auxiliado por agentes de la policía, a quienes desea agradecer por la ayuda que le brindaron en esa difícil situación.

Alberto busca a esos cuatro agentes de la policía de Villa Roch que lo auxiliaron cuando en una fría noche de invierno su auto se quedó varado en medio de la nada, en un lodazal. Desea agradecer en persona el gesto de esos servidores públicos que evitaron que debiera pasar la noche varado o acaso dirigiéndose a pie a un puesto a buscar ayuda. Sin vehículo y sin celular, hubiera sido toda una afrenta.

En el contexto del aislamiento social preventivo y obligatorio, que ha agravado la crisis económica, resulta difícil para un taxista rehusar la oferta de un pasajero, porque el trabajo escasea y las necesidades apremian. En ese marco, cuando un vecino de General Conesa le ofreció al taxista Alberto Gómez, de Mar del Plata, realizar un viaje hasta el partido de Tordillo, Gómez no rechazó la oferta. El pasajero era un paisano joven y llevaba consigo peso, por lo que el taxista se vio en la obligación de ayudarlo a regresar a su hogar.

Era una noche fría y los caminos estaban anegados. Sin embargo, aunque estaba preocupado por la posibilidad de que el taxi se encajara en el barro, Gómez logró dejar al muchacho en su lugar de trabajo, entre las localidades bonaerenses de General Conesa y Villa Roch. Y ya de regreso, rumbo a Mar del Plata, sus temores se concretaron. Es una zona de caminos de tierra, la baja visibilidad agravó el panorama y como resultado, el auto de Alberto quedó varado en un lodazal.

“Acá empieza la historia que quiero relatar —escribe Gómez en su cuenta personal de Facebook, en la publicación mediante la que espera encontrar a sus benefactores—. Casi sin señal pude comunicarme con la mamá del peón rural. Después que relaté mi situación, se me apagó mi celular.” Alberto permaneció entonces solo a la vera del camino, intentando empujar el vehículo. Se encontraba extenuado y cubierto de barro cuando alrededor de una hora después de que realizara la llamada, un patrullero arribó al lugar “para auxiliarme (la señora se había comunicado con ellos), con una camioneta me sacaron del barro y me escoltaron hasta la ruta asfaltada”.

Debido al cansancio y los nervios, a pesar de la alegría de verse rescatado, Gómez olvidó los nombres de los agentes que se acercaron en su ayuda y desea encontrarlos para poder agradecerles su colaboración y sobre todo, rescata la honestidad de los mismos, quienes rechazaron el intento del taxista de ofrecerles dinero en agradecimiento por la ayuda brindada. “De ninguna manera, señor. Somos servidores públicos y debemos ayudar al ciudadano común cuando se encuentra en estas situaciones”, le contestaron tras repetidos intentos de ofrecerles el dinero que Alberto tenía a la mano. El peón de taxi estrechó fuertemente la mano de quienes resultaron ser sus salvadores, pero desea agradecerles con nombre y apellido la buena voluntad y la predisposición con la que ejercieron su oficio esa noche: “Publico esto con el único fin de que se viralice y llegue a oídos de esos cuatro señores policías. Mi agradecimiento y el reconocimiento de los ciudadanos comunes”, concluye el taxista marplatense.

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