25 años de HIJOS

En el contexto del aislamiento social obligatorio por la pandemia de coronavirus, los activistas por los Derechos humanos, que son el respaldo generacional de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, recordaron de manera virtual un aniversario emblemático.

En su mayoría eran hijos de desaparecidos. No sabían en dónde estaban sus padres, qué les habían hecho los represores. Pero también había hijos de expresos políticos secuestrados y torturados. Sobrevivientes. O hijos de argentinos que, previas amenazas de muerte, padecieron angustiantes exilios. Una tarde de mediados de abril de 1995, decidieron organizarse. Convocaron a un campamento en Córdoba y allí crearon HIJOS, el acrónimo de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio. A partir de entonces, los jóvenes veinteañeros canalizaron su energía militante en la defensa de los Derechos Humanos, con la lucha por la memoria, la verdad y la justicia como principal objetivo.

Cuando se reunieron en Córdoba, hacía ya 12 años que había terminado la dictadura que gobernó al país de 1976 a 1983; el Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo utilizado por los represores para denominar a un régimen que dejó un saldo de 30.000 desaparecidos y cientos de niños nacidos y robados en los centros clandestinos de detención. Y a una sociedad herida. La justicia tardaba. En 1985, el gobierno de Raúl Alfonsín había impulsado los históricos juicios a las Juntas Militares. Solo fueron juzgados los nueve jefes máximos de los siete años de dictadura. Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini y Orlando Ramón Agosti terminaron condenados; Omar Graffigna, Leopoldo Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Anaya quedaron absueltos.

En los dos años siguientes se promulgaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, mejor conocidas como Leyes de Impunidad. Una permitió la caducidad de los crímenes cometidos durante la dictadura. La otra determinó que las fuerzas de Seguridad y militares que habían secuestrado, torturado, desaparecido, asesinado, violado y robado bienes a miles de víctimas solo habían cumplido órdenes de sus superiores. Quedaban exonerados de cargos penales. La situación empeoró en 1989 y en 1990, cuando el entonces presidente Carlos Menem indultó a los cinco miembros de las Juntas Militares que cumplían sus penas en prisión y a cientos de militares involucrados en delitos durante la dictadura, además de exlíderes de los grupos guerrilleros. La decisión alimentó la Teoría de los dos Demonios, que todavía hoy erigen algunos sectores de la sociedad argentina para equiparar los crímenes cometidos por el Estado y por los guerrilleros, lo que no tiene asidero en el derecho internacional que considera a los primeros como crímenes de lesa humanidad, es decir, que no prescriben porque son ejecutados por las autoridades que tienen el deber de proteger a los ciudadanos.

En ese escenario de impunidad, los jóvenes que en su mayoría habían vivido sus infancias en el marco represivo de un gobierno militar se rebelaron y comenzaron a actuar. Su aparición pública y organizada les dio un respiro a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las organizaciones de mujeres nacidas en los años más duros de la dictadura para reclamar por la aparición con vida de sus hijos y nietos. En los 90, con la justicia todavía lejana en el horizonte, estas señoras temían por la continuidad de la lucha. Entonces llegaron los HIJOS.

Uno de sus principales aportes fueron los escraches. Los jóvenes se organizaban en grupos para acudir a las casas de los represores, para denunciar con parlantes en mano que ahí vivían criminales que habían cometido multitud de vejaciones. Ya que no había justicia, por lo menos se generaba un repudio social. Nada de resignación y silencio ante la impunidad. Los HIJOS, con una dirección horizontal que todavía mantiene, se sumaron a las masivas marchas del 24 de marzo, aniversario del golpe, y a toda actividad vinculada con la defensa de los derechos humanos. Adquirieron protagonismo y personalidad propia dentro de una lucha colectiva.

En 2003, la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia permitió el avance de los postergados juicios de lesa humanidad en los que, por fin, cientos de criminales tuvieron que sentarse en el banquillo frente a los tribunales, en el marco de un sistema democrático, y escuchar a sus víctimas, entre ellos a los hijos e hijas de desaparecidos, torturados, asesinados. Además de ser testigos en los juicios, los militantes de HIJOS son público permanente, apoyo para el resto de los sobrevivientes y familiares que acuden a las salas durante las audiencias y cuando se escuchan las esperadas sentencias. Desde entonces han sido condenados 968 represores y 2347 más están bajo proceso judicial. En la compleja búsqueda de justicia en Argentina, el papel de HIJOS ha sido fundamental. Por eso, las felicitaciones se sucedieron este martes, al cumplir su 25 aniversario, entre ellas las del presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. El ministro del Interior, Eduardo de Pedro, también celebró la fecha, ya que él mismo fue uno de los fundadores de HIJOS. Su padre y su madre fueron asesinados durante la dictadura.

Las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora les dedicaron un mensaje especial para recordar que “una lejana tarde de 1995”, unas treinta mujeres con pañuelo blanco en la cabeza se dirigieron a un encuentro convocado por un grupo de hijos en la mítica plaza. “Allí comentamos animadamente lo que nos produjo ese acto. No olvidamos que en la Plaza estaba también el mayor profeta entre los sacerdotes del Tercer Mundo, Jerónimo Podestá, el primero en ver el aporte que harían los Hijos. Una de nosotras, María Adela, la mayor, afirmó lo que todas sentíamos: ‘Ahora por fin puedo morirme tranquila’. Sabias palabras motivadas por la comprensión de que las y los HIJOS surgían unidos a una militancia que ya no cesaría”, recordaron. “Ustedes, que tanto valen por ser ustedes, son también el presente de nuestros queridos hijas e hijos, y son también el futuro. Ustedes llevan en alto las más dignas banderas hacia una sociedad mejor”.

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