Efectos colaterales impensados de los medicamentos más corrientes

Investigaciones habrían revelado increíbles efectos negativos sobre la personalidad derivados del consumo de Paracetamol y otros fármacos de venta libre.

Beatrice Golomb, directora de un grupo de investigación de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, está investigando numerosos casos testigos que aportarían evidencia a favor de que determinados medicamentos de uso común, como el Paracetamol o los antihipertensivos podrían afectar a la personalidad y generar cambios de conducta. Lo mismo sucedería con los fármacos recetados para el control del Mal que Parkinson y con los antidepresivos.

A lo largo de veinte años, Golomb recogió información de pacientes a lo largo de Estados Unidos: historias de matrimonios destruidos, carreras arruinadas, y un número sorprendente de hombres que habían estado a punto de matar a sus esposas. En casi todos los casos, los síntomas empezaron cuando comenzaron a tomar estatinas, y todo regresó a la normalidad cuando dejaron el fármaco. Las estatinas son compuestos que se utilizan como antihipertensivos y reguladores de los niveles de colesterol en sangre. En casos extremos, la doctora Golomb sostiene que el uso prolongado de esas drogas puede conducir al suicidio.

Por su parte, un estudio realizado por la Universidad de California sugiere que los analgésicos de uso frecuente como el Paracetamol o el Ibuprofeno pueden “adormecer” la corteza cerebral, afectando la capacidad del sujeto para sentir dolor no físico, tanto propio como ajeno. Esto podría significar que, utilizados en pequeñas dosis, podrían ayudar a pacientes que atraviesen situaciones de estrés postraumático a generar resiliencia. Pero en grandes concentraciones, podrían afectar a las relaciones y vínculos interpersonales del paciente. La pérdida de la capacidad para sentir dolor por el sufrimiento del otro implica una pérdida de empatía y genera conductas individualistas y aislamiento. Sin embargo, la doctora advierte que el uso debido de analgésicos no genera cambios en la conducta, dado que los efectos son transitorios y estos fármacos se eliminan rápido del sistema. El riesgo, explica, es la sobredosificación. No se debe tomar analgésicos “preventivamente” ni todos los días, sino solo bajo prescripción médica.

El caso de los antidepresivos así como el del Levodopa —utilizado en el tratamiento del Parkinson— son más previsibles. Se trata de psicofármacos, que afectan a los niveles de serotonina y dopamina de la corteza cerebral. Los primeros pueden generar un exceso de extraversión, desinhibición y dependencia, mientras que el Levodopa estaría asociado a cambios de conducta tales como la hípersexualidad, o la compulsión (hacia el juego, la comida, las compras o el juego, por ejemplo). Esto se debería a que afectaría la producción de dopamina, neurotransmisor encargado de administrar la sensación de placer. 

De cualquier manera, no existen en la actualidad medicamentos más seguros para tratar afecciones graves como la depresión o el Parkinson, por lo que los estudios de los científicos médicos no recomiendan eliminar el uso de esas drogas, sino que apuntan a encontrar medicamentos que sean más inocuos al organismo y no acarreen serios inconvenientes colaterales.

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