La difusión del virus en los frigoríficos de EEUU amenaza el suministro

Las plantas frigoríficas de los EEUU son puntos de contagio rápido, debido al hacinamiento en que se trabaja allí. El distanciamiento social obligó a bajar el ritmo, lo que se traducirá en la merma de la producción y el aumento del precio de las carnes.

La temporada de barbacoas arranca en Estados Unidos cuando el suministro de carne se halla en riesgo por el coronavirus. Junto a las cárceles y los geriátricos, las plantas de procesamiento de productos cárnicos se han revelado como plataformas en las que el patógeno se propaga con más rapidez. Por lo general, son lugares de trabajo con mucha densidad y hacinamiento. Además, ha habido una gran presión para mantenerlas en funcionamiento, pese al incremento de contagios.

Tyson, una de las principales procesadoras de carne en este país, ha aplicado grandes cambios en su funcionamiento para evitar el impacto del virus. Ha constituido un servicio clínico y revisa la temperatura a los trabajadores al inicio de cada turno. Ha impuesto la obligación de llevar cubierta la cara y ha instalado mamparas plásticas de separación, entre otras medidas. Todos estos esfuerzos no han impedido, sin embargo, que la propagación de la epidemia en Tyson haya continuado golpeando. De 1.600 casos hace un mes se ha pasado a 7.000, según un análisis del The Washington Post a partir de documentos públicos.

Saber lo que está ocurriendo en el interior de esta industria no es tarea fácil debido a la falta de transparencia de los propietarios. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), el organismo del gobierno federal encargado de su control, reconoció a finales de abril que el número de infectados en estas plantas ascendía a más de 5.000. Un reciente estudio de Food & Environment Reporting Network, organización sin ánimo de lucro, estimó que había por lo menos 17.000 contagiados.

La situación que afronta este sector ilustra la dificultad de la vuelta a la normalidad en EEUU incluso en terrenos esenciales como la industria cárnica en un país muy carnívoro. Las compañías del sector han invertido cientos de millones para adoptar medidas de protección, mantener el salario a los que están de baja o instalar nuevos sistemas de ventilación después de que se vieran obligados a cerrar varias instalaciones que se habían convertido en centros de difusión del virus a las afueras de las ciudades. La amenaza del desabastecimiento, una vez que varios mataderos dejaron de ser operativos, llevaron al presidente Donald Trump a firmar una orden ejecutiva que hizo de estas industrias una infraestructura crítica y, por lo tanto, a garantizar su apertura.

A pesar de las precauciones, estas empresas siguen sufriendo un incremento de casos. Algunas compañías se han visto obligadas a limitar la producción debido a la aplicación de la distancia social entre los trabajadores. Parte de la fuerza laboral todavía no ha podido volver a la labor. No pocos se mantienen al margen por el miedo al contagio. También influyen las restricciones de Trump a la inmigración, cuya fuerza es decisiva en este sector. Estas circunstancias hacen que el suministro de carne se vea limitado respecto a la demanda.

Un informe de CoBank, especializada en servicios al mundo rural, ha advertido que las tiendas pueden ver reducido un 35% la distribución de productos, lo que significará un encarecimiento del 20%. El documento advirtió que el impacto se atisba peor a finales de año. Las estanterías de los supermercados se han mantenido más o menos abastecidas, a pesar de que algunas cadenas establecieron restricciones en las compras de los clientes. Pero hasta ahora han continuado con un buen nivel porque las cadenas de aprovisionamiento contaban con materia acumulada desde marzo. Estos productos ya se han distribuido y la carencia se dejaría sentir más, dijeron los expertos. “Las malas noticias corren más rápido que la verdad”, señala el e-mail que un cargo público de un condado de Colorado remitió a un responsable sanitario debido al incremento de casos en una planta de procesamiento. Estos correos, develados por The New York Times, ponen luz sobre la estrategia de intentar ocultar la verdadera dimensión de esa propagación.

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