Efecto coronavirus: filas eternas por un plato de comida en Estados Unidos

Los bancos de alimentos de EEUU debieron aumentar hasta 38% su capacidad de atención como consecuencia de la crisis económica causada por el coronavirus. Millones de norteamericanos están cayendo en la desocupación y la indigencia.

Sin empleo y sin dinero por la pandemia de coronavirus, millones de personas hacen fila durante horas en Estados Unidos para poder recibir comida gratis en los bancos de alimentos distribuidos por todos los estados del país. Las mismas escenas se reproducen por todo el territorio, desde Nueva Orleáns a Detroit, pasando por Nueva York, donde el gobierno municipal reparte desayuno, almuerzo y cena gratuitos en varios puntos de la ciudad. Son imágenes de una población desesperada, que en general perdió su empleo y por tanto sus ingresos, a la espera de la llegada de un cheque del gobierno de Donald Trump, que aprobó a fines de marzo un gran plan de apoyo a la economía de Estados Unidos para mitigar las consecuencias del coronavirus.

Pero para algunos, como millones de inmigrantes sin papeles, en su mayoría de origen latinoamericano, no habrá ayuda estatal, que acuerdo con lo que advirtió la administración republicana. “Ya tengo ahorita dos meses que no trabajo porque casi fui uno de los primeros que el coronavirus agarró, y pues no tengo trabajo y pues dinero tampoco”, dijo a la agencia AFP Domingo Jiménez, un inmigrante que hacía una fila de más tres cuadras el viernes para recibir comida del gobierno municipal en Corona, Queens, uno de los barrios más afectados por el coronavirus en Nueva York.

El martes, más de 1.000 vehículos esperaban en fila en una distribución organizada por el banco de alimentos de Pittsburgh, en Pensilvania, cuya demanda aumentó 38% en marzo. En ocho operaciones excepcionales como esta, unas 227 toneladas de comida fueron repartidas, explicó Brian Gulish, su vicepresidente. El 9 de abril, en San Antonio, Texas, unos 10.000 vehículos hicieron fila en un banco de alimentos, algunos desde la noche hasta la mañana siguiente. “Hace meses que no tenemos trabajo”, cuenta Alana, una latina que prefiere no dar su apellido, en la ciudad de Chelsea, en la periferia de Boston, la más afectada por la pandemia de coronavirus en el estado de Massachusetts. “Ayer vi una mujer con un bebé de 15 días y otros dos niños, su marido está desempleado, y no tiene más comida en su casa. Le di lo que tenía”, contó a la AFP durante una distribución de alimentos realizada por soldados de la Guardia Nacional.

En Akron, Ohio, las necesidades de los bancos de alimentos subieron 30%. “Construimos a lo largo de los años una cadena de aprovisionamiento que podía responder a ciertas necesidades”, explicó Dan Flowers, director general de Akron-Canton Regional Foodbank. “Aumentarla 30% del día a la mañana es casi imposible”. Los bancos de alimentos, incluidas las 200 filiales locales de la red Feeding America, están recibiendo donaciones excepcionales. Un contribuyente habitual de los bancos, el gigante J.M. Smucker (que produce el café Folgers) hizo donaciones adicionales en Ohio, y la destilería Ugly Dog, de Michigan, donó un camión entero de alcohol en gel en botellas de licores, dijo Flowers. Las donaciones llegan también en efectivo, de hogares anónimos o de Jeff Bezos, dueño de Amazon y de la mayor fortuna mundial, que ofreció 100 millones de dólares a Feeding America. El Food Bank de Nueva York, una de las grandes organizaciones de la metrópolis, aumentó el volumen de pedidos. “Si lo volvemos a hacer al cabo de una semana, los precios pueden haber subido y el plazo de entrega se alarga de manera exponencial”, explicó Zanita Tisdale, una directora de la organización.

Como muchas otras, su organización no acepta voluntarios, para evitar el contagio de coronavirus. Para aliviar al personal, la Guardia Nacional de Estados Unidos envió a soldados a muchas ciudades gravemente afectadas, como Chelsea. El plan de apoyo a la economía de Estados Unidos prevé 850 millones de dólares en comida para estos bancos de alimentos, dijo Flowers, que espera cosechar los primeros beneficios en junio. “Lo que me inquieta son las próximas seis a ocho semanas”, señaló.

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