China, otra vez a todo vapor: cada vez hay más actividad en trenes y calles

China está más viva que nunca. Apenas semanas después de la cuarentena total, ha logrado resurgir con una actividad de vértigo. El relato en primera persona de una brasileña asombrada por el caso chino en medio de la pandemia que tiene en ascuas al mundo.

China se encuentra otra vez cerca de su anterior esplendor. En Shanghái, el Estado está construyendo dos nuevas líneas de subte y varias estaciones, que se sumarán a los 700 kilómetros de vías férreas que transportan a diez millones de personas cada día. Al observar el panorama, resulta difícil de creer que hasta hace pocas semanas toda la ciudad pudiera estar paralizada por la actual pandemia de coronavirus COVID-19. “Desde que me mudé a Shanghái, lo que más me sorprendió fue la velocidad con que cambia la vista de esta enorme metrópoli, que alberga a más de veinticinco millones de habitantes”, comenta Thais Moretz, especialista en relaciones exteriores brasileña residente en China. “Vas hoy a pasear por una calle y a la semana siguiente ves cómo cambiaron las fachadas de los edificios, que se han abierto nuevos negocios. Hay obras de todo tipo, en todas las ciudades”.

Allí, la tecnología está al alcance de la mano de todos y cualquier operación sencilla, como comprar en el supermercado, comprar un boleto de tren o realizar transferencias bancarias se realiza mediante aplicaciones instaladas en los celulares, con un simple clic. La vida en China parece transcurrir a otro ritmo, más acelerado que en ninguna otra parte del mundo. En diez días los chinos lograron construir tanto un hospital como líneas de montaje en una fábrica para producir barbijos especiales, vestimenta y equipamiento para el personal de Salud. También fueron diseñadas en pocos días aplicaciones móviles que permitían a los usuarios advertirles si estaban circulando por zonas de riesgo por el coronavirus. Una luz verde daba la señal de libre circulación, mientras que una roja marcaba las zonas calientes. Con todas esas precauciones, no parece sorprendente la rapidez con la que lograron encapsular a la epidemia.

Hoy, los ciudadanos han retornado a sus trabajos, circulan los vehículos y los espectáculos públicos concentran a cada vez más gente. Apenas persisten algunos controles, como agentes que observan los códigos QR de los transeúntes, les toman la temperatura y recaban datos. Nada en comparación con el aislamiento total que prevalecía hace apenas semanas. El objetivo es evitar cualquier nuevo contagio, en caso de que surja algún caso positivo. De acuerdo con la Universidad Johns Hopkins, Shanghái registra 371 casos de COVID-19 y tres fallecidos.

“En Brasil, los tiempos son otros y los recursos, más escasos”, reflexiona Thais. “No podemos construir un hospital en diez días, o fábricas, ni desenvolver un operativo tan eficiente para monitorear la situación. Será necesario importar recursos, sobre todo para el tratamiento de los enfermos”. Por eso, concluye, “los especialistas en relaciones y comercio exterior, como yo, estamos empeñados en obtener fuentes de recursos estratégicos y participamos de redes de información con empresas y gobiernos, con el propósito de contribuir con esta titánica tarea”.

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