Bolsonaro encamina a Brasil al desastre con una mortalidad ascendente en medio de la crisis política

El primer mandatario brasileño oscila entre las declaraciones desatinadas y las tensiones políticas internas a su gobierno, mientras en el país se agrava la situación por coronavirus, que ya lleva más de seis mil muertos y noventa mil infectados.

“¿Y qué?”. El presidente de la República Federativa de Brasil Jair Bolsonaro no ceja en su desprecio la gravedad de la situación por el coronavirus en el hermano país. Dos cortas palabras del presidente brasileño que han aumentado la perplejidad de los ciudadanos de un país que se encamina al desastre sanitario, con un líder empleado a fondo en desarticular cualquier medida que evite propagar la pandemia si choca con la actividad económica. El último estudio del Imperial College de Londres sitúa a Brasil –junto a EE.UU.– como foco mundial más grave por tendencia de fallecimientos y vaticina que cuando acabe esta semana los muertos podrían llegar a 10.000. El ritmo es de medio millar de decesos diarios y ayer la cifra tocaba los 6.400. Con más de 80.000 casos de coronavirus, Brasil tiene la mayor tasa de contagios del planeta, el famoso índice R, que equivale a 2,81.

“E daí?” (¿y qué?). Bolsonaro subido a una montaña de cráneos y huesos humanos preguntando “e daí?”, en una viñeta de la publicación digital DomTotal. Ayer, la ilustración humorística de Folha de São Paulo era ese mismo “e daí?” con las letras formadas por fosas rectangulares abiertas por excavadoras. En São Paulo y Manaos esa viñeta ya se ha convertido en foto, aunque sin la exclamación del presidente. “¿Y qué? Lo siento. ¿Qué quieren que haga? Yo soy ‘Mesías’ (en alusión a su segundo nombre), pero no hago milagros”, expresó el mandatario.

Mientras el coronavirus devasta Brasil, el líder está preocupado por su imagen y su propia crisis de gobierno en medio de la pandemia. Después de que el Supremo Tribunal Federal (STF) tumbara el miércoles la designación de un amigo de su familia como jefe de la Policía Federal, Bolsonaro reaccionó cargando contra Alexandre de Moraes, el magistrado que suspendió el nombramiento de Alexandre Ramagem. Actual director de los servicios de inteligencia, Ramagem era la carta del mandatario para controlar directamente la Policía y frenar las investigaciones contra sus hijos, como denunció el exministro de Justicia, Sérgio Moro, al dimitir hace una semana. El comisario Ramagem está estrechamente vinculado a la familia Bolsonaro desde que en el 2018 asumió la seguridad del presidente tras el apuñalamiento sufrido en la campaña electoral.

Como hace siempre que alguien le lleva la contraria, el líder trató de desacreditar al magistrado, como hizo también con Moro. Bolsonaro acusó a de Moraes de tomar una decisión “política” y recordó que llegó al STF gracias a su amistad con el expresidente Michel Temer, de quien fue ministro de Justicia (2016-2017). “La amistad no está prevista como cláusula prohibitiva para que alguien tome posesión” de un cargo, dijo el mandatario, confirmando que la suspensión cautelar de Ramagem será recurrida, después de que la Abogacía del Estado anunciara que no apelaría. “Quién manda soy yo”, dejó claro el gobernante. Bolsonaro llamó a “que todos respeten la Constitución”, aseguró que un juez del Supremo no puede “desautorizar al presidente” y que “casi llegamos a una crisis institucional”. “Aún no me trago esa decisión”, añadió al salir de su residencia en el palacio de la Alvorada.

Más tarde, en entrevista televisiva, volvió a defender que “la libertad está en primer lugar” para oponerse a las cuarentenas no demasiado estrictas que imponen –con aval del STF– gobernadores y alcaldes, a quienes el miércoles responsabilizó del incremento exponencial de muertes. “Pregunten a João Doria y a (Bruno) Covas por qué tomaron medidas tan restrictivas, que eliminaron un millón de empleos en São Paulo y sigue muriendo gente; que respondan ellos, no me carguen a mí esa cuenta”, dijo Bolsonaro, refiriéndose al gobernador y al alcalde paulistas, principales opositores del mandatario en la gestión de la crisis.

Por otra parte, otro juez del Supremo, Gilmar Mendes, rechazó esta semana paralizar la comisión parlamentaria que investiga el llamado “gabinete del odio”, una maquinaria de creación de noticias falsas difundidas en la campaña electoral del 2018, que habría estado a cargo de Carlos Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario, que también está bajo escrutinio policial. El presidente viajó el jueves a Porto Alegre para participar en un acto militar –donde estrechó manos pese a las recomendaciones sanitarias– y desde los balcones de la ciudad fue recibido con cacerolazos y gritos de “¡Fora Bolsonaro!”.

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