En el primer año de gobierno del Frente de Todos creció la brecha salarial

Según datos de la AFIP, persiste la tendencia hacia el ensanchamiento de la diferencia entre los salarios de quienes menos cobran y quienes más cobran. En 2020, los salarios altos pasaron de ser 5,6 veces mayores que los salarios mínimos a 7,3 veces.

Uno de los ejes de la campaña electoral que se había propuesto el gobierno del Frente de Todos en 2019 era reducir la severa distancia entre los ingresos de los trabajadores que cobran salarios mínimos y aquellos que perciben sueldos más elevados, para tender hacia una sociedad más igualitaria. Sin embargo, lejos de avanzar en esa dirección, la persistencia de la crisis económica originada durante el gobierno de la Alianza Cambiemos, la que está lejos de llegar a resolverse en el contexto actual, provocó un deterioro de esa relación en los primeros meses del año y se acentuó en los siguientes con la irrupción de la pandemia de covid-19 y las medidas preventivas que tomó el gobierno de Alberto Fernández desde el 20 de marzo, día en que comenzó a regir en todo el territorio nacional el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO).

De la serie de empleo registrado por el Sistema Integrado Previsional Argentino que informa mensualmente la AFIP surge que en septiembre último el salario promedio de los 7,64 millones trabajadores a cargo de 524.688 empleadores fue de $55.979 en términos brutos, antes del descuento medio de 17% para la Seguridad Social y Obra Social, con un máximo, medio, de $175.084 para los ocupados en la industria extractiva (minera y petrolera); y un mínimo de $23.883 en el caso de quienes se desempeñan en los servicios de alojamiento y servicios de comida (hotelería y gastronómicos). La brecha entre esos extremos fue de 7,33 veces. Un año antes, la distancia de ingreso medio entre esos dos sectores de actividad era de 5,64 veces, y se amplió a 6,31 veces en febrero, último mes previo a la irrupción de la crisis sanitaria que generó la irrupción del covid-19 y los cambios en los hábitos de actividad y traslado de las personas que trajo aparejado.

Esa ampliación de la desigualdad ocurrió porque a la brecha histórica que existe entre los salarios de los trabajadores en actividades denominadas “capital intensivas”, tienen mayor dependencia de las inversiones hundidas en máquinas, equipos y/o tecnología, que de la cantidad de personal; y los que se desempeñan en áreas “mano de obra intensivas”, como es el caso de la gastronomía, enseñanza, servicios artísticos, culturales, de esparcimiento y deportivos, y tareas administrativas de oficina y mensajería se agregó el efecto del ASPO primero y el DISPO (distanciamiento social) después.

Las medidas preventivas del covid-19 determinaron la suspensión de las actividades dependientes del flujo de personas, como los servicios de gastronomía, hotelería, artísticos, culturales y deportivos, en general, y en particular entre quienes no pudieron reinventarse con ofertas alternativas para mantener un flujo de demanda. De ahí que no solo estuvieron prácticamente impedidas de aumentar los salarios, sino que dejaron de generar ingresos por trabajo extras y en muchos casos derivaron en cierres de establecimientos.

Por el contrario, en el extremo de los sectores capital intensivos, como es el de la explotación de minas canteras, la actividad estuvo menos expuesta, no solo por la menor concentración de personal en espacios reducidos, sino porque no solamente abastecen al mercado internacional, y por tanto si bien no escapó a la crisis general, fue de menor intensidad.

Esas diferencias notables, a las que se suman las derivadas de los grados de calificación profesional y condiciones laborales singularmente distintas, se manifestaron no solo en los valores brutos de cada actividad, sino también en los ritmos de aumentos que pudieron mantener en un escenario agravado por la persistencia de altos índices de inflación. Así, mientras que el salario medio en la rama de la hotelería y gastronomía bajó en promedio 6,1% nominal desde marzo a septiembre, en al de minas y canteras subió 9,1%. De ahí surgieron sendas caídas en términos reales de casi 20% en el primer caso y “solo” 7% en el segundo.

Según se desprende de la citada estadística oficial que informa sobre el desempeño de 19 grandes sectores de actividad, en el sector público y privado, en septiembre únicamente 3 registraban remuneraciones brutas en el rango de los seis dígitos: al de explotación de minas y canteras acompañaron la media de los ocupados en el suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado con $121.989; y los empleados en el sistema bancario, financiero y de seguros $113.778. En esos casos también acusaron pérdidas ajustadas por inflación respecto de los niveles de febrero: 13,1% y 15,8% respectivamente. En tanto, había ocho sectores con salarios brutos promedio en el rango de $40.000 o menos. A los de la rama de hotelería y gastronomía acompañaron los empleados formales en el agro $36.056; servicios artísticos, culturales, deportivos y de esparcimiento $36.782; enseñanza $38.208; administrativas y de servicio de apoyo $38.893; construcción $40.252; servicios inmobiliarios $46.081; y comercio y reparaciones de automotores 47.272 pesos.

En ese grupo, del SIPA surge que lograron superar la tasa acumulada de inflación desde febrero los ocupados en el agro 11,5%; y levemente los dedicados a la compraventa y alquiler de propiedades inmuebles, 0,5%; mientras que acusó pérdidas reales de 1,8% en la educación; y de entre 12% y 24% el resto.

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