“El gobierno puede tener bases peronistas, pero por ahora no las ha aplicado”

El economista Pablo Challú, exsecretario de Comercio, dijo que la ausencia de un plan económico puede llevar a generar un poderoso fermento contrario al buen funcionamiento del gobierno.

El ministro de Economía Martín Guzmán dio señales al promediar la semana, en un acto de anuncio de obras públicas en Chaco, Misiones, Córdoba, La Pampa y Salta, sobre cuáles son sus objetivos, o al menos en qué modelo de país cree: “avanzar hacia una economía más tranquila y con más oportunidades. Nuestro objetivo es poder darle a la Argentina una estructura productiva que satisfaga cinco condiciones: que sea inclusiva, que genere trabajo, que sea dinámica, un país que le agregue valor a su producción, una economía que sea estable y dé un ambiente de seguridad económica a las argentinas y los argentinos, que siga una estrategia de desarrollo federal; que el desarrollo respete un concepto de equidad a través de las regiones del país, y que respete nuestra soberanía”.

Sin embargo, en un año en que el gobierno decidió desenvolverse sin presupuesto, aunque por efecto de la irrupción del COVID-19 pidió al Congreso ampliar el heredado de 2019 y aceptar un déficit equivalente a 8% a 10% del PBI, pareciera que antes de agrandar el tamaño del Estado con el anuncio de un Plan Federal de Obras Públicas la hora reclama la presentación de un plan económico integral que sea capaz de recrear la confianza de los inversores privados.

En esa línea se manifestó a través de una columna en Infobae Pablo Challú, economista, exsecretario de Comercio Interior, como un año antes, previo a la asunción a la presidencia de Alberto Fernández en una entrevista con este medio, cuando creía que “el peronismo es el único que puede sacar a la Argentina del círculo vicioso del estancamiento y alta inflación”.

—¿Por qué cree que no alcanza que el gobierno se plantee objetivos y no anuncie un plan económico?

—En realidad, en ningún ámbito de la vida alcanza con que se propongan objetivos sin explicar cómo se los va a lograr. Si esto ocurriera diríamos que se trata de una mera expresión de deseos queriendo significar con ello que no existen buenas probabilidades de que esos objetivos se alcancen. Cuando el gobierno es el que sostiene tal opinión entramos en terreno problemático, primero porque el plan se necesita para que todos los funcionarios actúen en la misma dirección; si no existiera, o cada uno esperaría que les digan cómo actuar o, lo que es quizás peor, podrían interpretar a su manera cuál es la mejor forma de alcanzar los objetivos, lo que constituiría un poderoso fermento contrario al buen funcionamiento del gobierno. Pero, también, la política económica constituye el marco de referencia en el que se desarrolla la actividad de empresarios, trabajadores, ahorristas e inversores. Si estos desconocen que hará el gobierno para lograr sus objetivos, qué caminos seguirá y cuáles evitará, entonces sus expectativas quedarán sin referencia y su conducta solo por casualidad será funcional a los objetivos propuestos con lo que estos solo por casualidad se podrán alcanzar.

—A más de 8 meses de gestión, y más allá del cambio de escenario que provocó la irrupción del COVID-19, no son pocos los funcionarios que justifican el mal estado de la economía por la “herencia” ¿Comparte esa visión? ¿Es la causa del deterioro de los precios relativos: tarifas, tipo de cambio, brecha entre salarios sector público y privado, e implosión de los índices de desempleo y pobreza, entre otros?

—Claramente, la “herencia” es una de las causas que explican la crisis que enfrenta hoy la economía. Ya en 2019 se podía describir la situación económica como enfrentando la peor crisis de las últimas décadas. El fracaso de las políticas de Cambiemos, por una desacertada visión de la economía global y por el mal diseño de los instrumentos de política económica, dejó al país con desequilibrios tanto en su sector externo como en el sector público, pasando por un Banco Central prácticamente quebrado y una seria crisis productiva, inflacionaria y de precios relativos. Pero el actual gobierno no ha hecho nada para atacar esos desequilibrios y poner al país en un sendero de reactivación y estabilidad de precios: solo se ha limitado a dar respuesta a la penosa situación de la población de menores recursos o a parte de las empresas forzosamente paradas. Esta inacción se debe en buena parte a la resistencia y demora en formular un plan que ataque en simultáneo de todos los factores involucrados. De ese modo, agravó la crisis, creando al mismo tiempo nuevas rigideces como el agravamiento del control de cambios y los distintos congelamientos de precios y tarifas.

—¿Le preocupa la magnitud de los desequilibrios fiscal y monetario? ¿Es consecuencia de la irrupción del COVID-19?

—Sin duda, son desequilibrios muy preocupantes con un déficit fiscal que puede acercarse a los 14 puntos del PBI; una emisión monetaria que lleva los pasivos del Banco Central a duplicarse en pocos meses. Por allí circulan comentarios, incluso entre economistas vinculados con el gobierno, que atribuyen a la así llamada “teoría monetaria moderna” la conclusión de que esto no tendría mayores problemas y que por tanto podría financiarse ilimitadamente con emisión de pesos, lo que implica no solo un serio y peligroso error sino también una muy mala lectura de lo que sostienen los teóricos que escribieron sobre este tema, que nunca afirmaron tal cosa. Sin embargo, estas ideas parecen tener su influencia en miembros del gobierno que propugnan por la ejecución de un extenso plan de obras públicas financiado con emisión como instrumento para enfrentar la crisis, de llevarse a la práctica, agravaría los desequilibrios y llevaría a aumentar fuertemente los riesgos de un proceso hiperinflacionario.

—¿Cómo imagina la recomposición de los precios relativos de la economía?

—Solamente se puede lograr una recomposición de los precios relativos dentro de un plan integral que contemple un acuerdo social sobre la política de ingresos, con compromisos explícitos, coherentes y efectivos entre el sector público (tipo de cambio, tasas de interés, tarifas, impuestos), el sector empresario (precios) y los trabajadores (salarios). Sería largo describir las políticas y medidas concurrentes a adoptar, pero el eje central debe ser la recuperación productiva y una tendencia clara a la baja persistente de la tasa de inflación.

—¿El severo deterioro del cuadro social cree que limitará la capacidad del gobierno de encarar políticas activas para poder reactivar la economía en su conjunto?

—En mi opinión, cuando el Gobierno se decida a encarar políticas activas para poder reactivar la economía dentro de un plan económico de políticas y medidas simultáneas, entonces se estarán dando las condiciones para una sostenida mejora del cuadro social y de la baja de subsidios sociales.

—Muchos economistas advierten que la Argentina hace tiempo que perdió grados de libertad para ordenar la economía por el régimen bimonetario que adoptó la sociedad ¿Comparte ese diagnóstico? ¿Por dónde cree que se debe empezar para revertir ese cuadro y qué efectos tendría en lo inmediato?

—Hasta que no aceptemos en todo lo que implica que los problemas de la economía bimonetaria se deben a la pérdida del atributo de nuestra moneda como reserva de valor, o sea a la alta y persistente inflación, entonces seguiremos estando sujetos a los vaivenes, problemas y contradicciones de tener dos monedas; una de cambio, es decir para transacciones cotidianas y otra de reserva de valor. La recuperación del peso como reserva de valor es difícil de lograr de inmediato, pero se puede diseñar un sendero virtuoso que acelere los tiempos a través de la generación de expectativas favorables, situación que podría producirse si se ve claramente que el plan económico que se ponga en práctica lleva rápidamente a una estabilidad de precios perdurable.

—Después de varias concesiones, el ministro Martín Guzmán llegó a un acuerdo con los bonistas bajo legislación extranjera, pero no logra recrear confianza en la gestión ¿Qué medidas cree que se debieran tomar para generar certidumbre?

—El principio de acuerdo con los bonistas y más adelante con el FMI, deben ser celebrados porque básicamente, alejan al país del peor de los escenarios que es el default. Pero estos acuerdos no solucionan los desequilibrios macro de nuestra economía, ni encaminan al país a un sendero de reactivación con estabilidad de precios, objetivos en los que está todo por hacerse. Hasta que esto no se haga seguiremos teniendo altos niveles de incertidumbre.

—En una entrevista que le hice un par de semanas antes de que asumiera la presidencia Alberto Fernández dijo: “El peronismo tiene las bases como para enfrentar los problemas. Es una política moderada, una política de acuerdos” ¿Cree que el gobierno tiene esas bases?

—Sigo sosteniendo que el peronismo tiene las bases para la solución de la macrocrisis que enfrenta hoy nuestro país. Y las tiene porque se las provee su doctrina que no es ni populista ni elitista y que en sus objetivos del bienestar del pueblo y la grandeza de la Patria encuentra el necesario equilibrio entre una economía que privilegia la producción, el empleo y la estabilidad de precios al mismo tiempo que la mejora en la distribución del ingreso. El gobierno no se ha definido como peronista sino como uno de coalición: así que puede tener estas bases, pero, hasta ahora, no las ha aplicado.

—¿Cómo ve el mundo después de la pandemia, y cómo se prepara la Argentina?

—Veo un mundo donde predominarán las posiciones nacionalistas e intervencionistas, donde cada país tratará de maximizar sus posibilidades y donde no existirán reglas fijas. Probablemente se requieran nuevas organizaciones internacionales o una modificación de las existentes para poner orden en situaciones que pueden desmadrarse. Un mundo difícil y conflictivo, pero en el cual nuestro país tendrá mayores posibilidades de desarrollar políticas autónomas.

*Por Daniel Sticco para INFOBAE

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