La economía no son las artes gráficas

La producción de bienes y servicios es el eje central para la recuperación que depende, en esencia, de la vitalidad que adquiera la economía real. La opinión del licenciado Guillermo Moreno, exsecretario de Comunicaciones y de Comercio de la Nación.

Las crecientes flexibilizaciones de la “cuarentena” siguen sin traducirse en una recuperación significativa de la actividad económica, situación difícil de revertir mientras los principales conglomerados productivos continúen sometidos a las medidas más rigurosas y persistan restricciones y trastornos en el traslado de personas y mercancías entre localidades y jurisdicciones.

Las significativas transferencias estatales hacia las empresas en pos de su sostenimiento han resultado insuficientes para garantizar la supervivencia de muchas de ellas. Pese a los rezagos temporales, las estadísticas oficiales disponibles dan cuenta de una mortandad de empresas que, al finalizar mayo, ya rondaba las 20.000 y un proceso destructivo de puestos de trabajo en el sector privado registrado del orden de los 300.000.

No podemos decir que ello exprese su “piso”, ya que a muchas de las compañías que han vuelto a la actividad aún les resulta extremadamente difícil alcanzar los umbrales de operaciones que garanticen su permanencia en el mercado, mientras que muchas otras permanecen aún paralizadas y sin fecha cierta de reapertura.

Mientras tanto, la incertidumbre sigue siendo la regla, dado que el oficialismo no termina de señalar un rumbo para la economía nacional, aunque ello se deba, pero sólo parcialmente, a los eventos inesperados que la realidad impuso.

Así, el centro de la política económica sigue situado en las urgencias más destacadas de las derivaciones de la pandemia y en las ofertas y contraofertas para el canje de los títulos de deuda, capítulo que se extiende más de lo esperado, con resultados finales que aún permanecen inciertos.

De allí que esta realidad desconcertante (y predominantemente hostil) represente una demanda inédita sobre las conducciones empresarias y organizacionales, a las que exige redefinir y adaptar sus esquemas de actividades “sobre la marcha” a fin garantizar un desempeño tan eficaz como les sea posible.

Por ello urge salir del pantanal del cortoplacismo y la improvisación permanente, para adentrarse en un período en el que los planes de negocios vuelvan a ser la norma, responsabilidad indelegable del elenco gubernamental que tanto implica la necesidad de tender a restablecer equilibrios macroeconómicos, como de delinear (y dar a conocer) los trazos rectores del esquema por venir.

Desequilibrio extremo

Todos hemos quedado consternados al informarnos de que deberán importarse billetes. Tal es la magnitud de la emisión monetaria requerida para cerrar la brecha entre los ingresos declinantes y los gastos ascendentes del Sector Público Argentino (SPA).

Es que, por una parte, y como lógica consecuencia del desplome de la actividad económica los ingresos tributarios se constriñen en mayor proporción aún.

En el mes de junio pasado, la recaudación total (incluyendo los componentes impositivos y los aduaneros, aunque excluyendo los de la seguridad social), tuvo un incremento interanual de 24,0%, lo que contrasta con una evolución de los precios al consumidor del 42,8% en la medición del INDEC.

Por el otro flanco, la asistencia a familias y empresas en el marco de la pandemia representan una significativa exigencia adicional sobre el Tesoro Nacional, complicando aún más el panorama fiscal.

Nuestros cálculos indican que estos refuerzos presupuestarios han implicado, de conjunto, más de medio billón de pesos.

Para 2020 entonces, puede estimarse que el Sector Público Nacional (SPN) alcanzaría un déficit primario cercano al 7% del PIB, que se amplía hasta el 9% cuando además se considera el de las jurisdicciones subnacionales, es decir, el SPA.

A la vez, la búsqueda de esterilización de la mayor emisión monetaria lleva a incrementar el déficit cuasifiscal del Banco Central de la República Argentina (BCRA), lo que, junto a los intereses de la deuda pública devengados, elevan el Déficit Fiscal Total para el corriente año a un mínimo del 15% del PIB.

Ese organismo, durante junio, volvió a utilizar el mecanismo de absorción de la emisión primaria, mediante la colocación de deuda en el sistema financiero (Leliq y Pases). Por ello, mientras la base monetaria creció solo $33 mil millones, la deuda total del BCRA con aquel lo hizo en $400 mil millones en el mes, completando $1,1 billones desde la última semana de marzo.

Este modelo de aumento recurrente del endeudamiento de la autoridad monetaria, si bien puede tener algún impacto positivo en forma inmediata, es un inevitable factor de inestabilidad en el mediano plazo, porque la institución sólo puede pagar las nuevas obligaciones con más endeudamiento o emisión de dinero en el futuro.

Y como en la emergencia los gastos extraordinarios se mantendrán, seguirá requiriendo de similares mecánicas para su atención.

Frente a ello se abre la incógnita sobre cuál será la proporción en que la emisión será reabsorbida con más deuda del BCRA.

Hemos señalado en múltiples oportunidades que el verdadero sustrato de la economía está en la existencia misma de los bienes y servicios y su posterior distribución, no en la moneda, que no puede ser más que su representación.

Y decíamos en nuestro artículo “Producir más y distribuir mejor”: “para cualquier país es cierto que en la medida que su economía produce más bienes y servicios, mayor es el bienestar que podría proporcionar a sus habitantes. Pero el aumento de los medios de pago no causa el mismo efecto.”

Si esto no fuera cierto, las ciencias económicas serían, en esencia, artes gráficas.

De la situación de vertiginoso crecimiento de la emisión ut supra señalada, surgen dos posibles senderos asociados a la evolución de las expectativas en el horizonte próximo según si:

  • El aumento de la demanda nominal local de dinero producto del incremento de actividad post pandemia absorbe la emisión realizada y la futura, incluyendo una reducción de pasivos financieros para acotar el déficit cuasi fiscal, o
  • En algún momento no exista ningún nivel de tasa de interés que sostenga la renovación de las letras y los depósitos asociados a sus vencimientos, y ello fuerce una importante monetización que, junto a una caída de la demanda de dinero, conlleve un enérgico impulso inflacionario y cambiario.

Produciendo e incluyendo

Que el futuro próximo de la Argentina sea más acorde a la primera de las opciones depende, en esencia, de la vitalidad que adquiera la economía real.

Venimos insistiendo sobre que la producción de bienes y servicios será, necesariamente, el sino de la etapa por venir, ya que la clausura de la renegociación de la deuda soberana en moneda extranjera (cualquiera sea su corolario) señala también el final de la agonía del ciclo económico basado en los vectores especulativos rentísticos.

Y, por todas estas razones, no podemos dejar de enfatizar en la importancia de discriminar las diferencias de carácter que el próximo esquema puede asumir, cuyas vigas maestras sin duda serán los valores de los alimentos y la energía dentro del set de precios relativos.

Si las Rentas Extraordinarias (RE) que a ellos se asocian no se reasignan hacia el conjunto del entramado empresarial, el perfil productivo estará centralmente vinculado a la satisfacción de mercados externos y de segmentos de consumidores ABC.

Y como se trata de un circuito en el que se retroalimentan, determinando y siendo determinados, los niveles de empleo y de salarios por una parte, con el esquema general por el otro, el resultado inevitablemente será el de la exclusión de un significativo contingente social.

Pero si la asignación de las RE contribuye a la baja de los costos unitarios de todos los sectores productivos y dota a los ingresos populares de alto poder adquisitivo, podemos aspirar al pleno empleo y a combatir exitosamente la pobreza. Es decir, a un modelo de inclusión.

Todo indica que estamos transitando un período decisivo que definirá hacia dónde se inclina el fiel de la balanza.

Múltiples y poderosas fuerzas pugnan, desde todos los ámbitos de la vida social, por imponer uno u otro destino.

Como hemos dicho otras veces, de la coordinación de las fuerzas de las mayorías, dependerá que sea la inclusión el norte que lo oriente.

* Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari y Mg. Oscar Carreras de MM y Asociados

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