El dilema del billete de un billón

El licenciado Guillermo Moreno, exsecretario de Comercio Interior de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, analiza la “Teoría Monetaria Moderna”, y explica por qué no es una “teoría” aplicable, y mucho menos, “moderna”.

En enero de 2013 Estados Unidos había llegado al límite de endeudamiento aprobado por el Congreso. El presidente Obama y las bancadas republicanas no llegaban a un acuerdo sobre su posible ampliación. Surgió entonces una idea descabellada, pero que fue sustentada por diversos especialistas: crear un “arma especial” para terminar con el problema, la acuñación de una moneda de platino por 1 billón de dólares (Bi).

Se trataba de una artimaña inédita, que hace uso de un vacío legal que permite, teóricamente, al Departamento del Tesoro (DT) hacerlo, y al depositarla en la Reserva Federal (Fed) podría cambiarla por el papel moneda necesario para honrar sus compromisos.

Aunque nos parezca una humorada la idea ha surgido en reiteradas oportunidades, incluso Los Simpsons trata el tema cuando Homero ayuda al FBI a recuperar un billete de un billón de dólares que emitió el gobierno del presidente Truman. (El primer relato humorístico sobre la temática fue “El billete de un millón de libras” de Mark Twain). Ahora bien, ¿sí hay algunos que realmente piensan que esto es una solución?

¿Por qué entonces no imprimir un billete de 21 Bi y pagar toda la deuda ya que en argentina no hay límite constitucional para la emisión monetaria? pero aún más allá: ¿por qué no hacer el suficiente dinero y dividirlo entre todos los argentinos, incluidos los gestados y por nacer?

Lo cierto es que la moneda de platino jamás se acuñó y el tema fue olvidado. Sin embargo, las ideas que subyacen en este razonamiento, para llamarlo de alguna manera, siguen resurgiendo periódicamente. Circula al interior de la “intelligentzia” del gobierno una idea fuerza que podemos sintetizar en la siguiente paráfrasis: “La Argentina puede crear toda la moneda que necesite el sector público. No está limitada en términos financieros, todos los pesos que se quieran crear se pueden crear”. Para ello se basan en la “Teoría Monetaria Moderna” (TMM), desconociendo que la financiación del gasto mediante la creación de nuevo dinero ha sido una constante en la historia económica.

De la “teoría” a la realidad

Los defensores de la TMM citan como fundador al economista alemán Georg Friedrich Knapp quien publicó en 1905 su famosa “Teoría Estatal del Dinero”, como respuesta a la necesidad del naciente Imperio Alemán de no depender del sistema de patrón oro que administraba y beneficiaba a los británicos.

Rompiendo con el “metalismo”, coloca al Estado soberano en posición de emitir y respaldar su propio dinero sin limitaciones de terceras potencias extranjeras. Tras la derrota en la primera guerra mundial, la exacerbación de esta interpretación allanó el camino para la hiperinflación alemana entre 1921 y 1923 que destruyo el salario y hundió en la miseria vastos sectores medios.

En síntesis, cuando un estado aumenta su oferta monetaria debe responder a la interacción simultanea de dos límites:

  • el de la frontera endógena de producción y
  • el de la disponibilidad de divisas para acceder a bienes y servicios extranjeros (incluye acceder a servicios financieros).

El caso argentino

Durante el primer semestre del corriente año el Patrimonio Neto (PN) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) se deterioró un 25%. Esto fue producto de una expansión del 14% de la Base Monetaria (BM) y de un 132% de sus letras (especialmente Leliqs).

A su vez, en julio incrementó sus pasivos monetarios en $328 miles de millones (mM) con respecto al mes de junio, producto de una transferencia al sector público por $261 mM y un pago de intereses sobre su deuda financiera por $67 mM. Durante esos 31 días la BM aumentó prácticamente lo mismo que todo el primer semestre del año (12%).

La liquidez reinante trajo presiones en el mercado cambiario, obligando a la autoridad monetaria a vender U$S 570 M, a pesar de que aumentó la tasa mínima para los plazos fijos (de hasta $1 M) al 33,06% anual, y dispuso habilitar a los bancos a mantener mayores tenencias de Leliqs cuanto menor sea su posición en dólares.

Asimismo, continuó vendiendo en el mercado de futuros un monto en torno a los U$S 500 M, acumulando una posición abierta cercana a los U$S 4.400 M.

Por su parte, el saldo de todos los pasivos remunerados en pesos del BCRA con el sistema financiero se incrementó hasta $2,4 bi.

En este marco, el Congreso de la Nación aprobó la Ley de Ampliación del Presupuesto 2020 que establece un déficit de la Administración Pública Nacional de $ 3 bi para todo el año. Este valor frente a un ejecutado durante el primer semestre de $1,2 bi, significa que desde julio a diciembre el gobierno va a necesitar financiamiento por $1,8 bi.

Si a este último le sumamos el déficit de las jurisdicciones subnacionales y los intereses de la deuda, el Sector Público Argentino alcanzará los $2,2 bi, pero si a su vez le agregamos el cuasifiscal (el déficit que se genera en el BCRA a partir de los interesas pagados y cobrados), el Déficit Fiscal Total (DFT) orillará en seis meses los $2,5 bi. Dado que el acceso al financiamiento externo está vedado, este DFT solo podrá ser financiado por el sector privado o el BCRA.

En este último caso, se necesitaría emitir prácticamente más del 100% de la BM actual.

Ante este horizonte, las políticas monetarias se reducen a:

  • incrementar la tasa de interés nominal por encima de la inflación esperada, con un impacto sustantivo en el ritmo de acumulación del pasivo remunerado del BCRA, como así también de todas aquellas personas, humanas o jurídicas, endeudadas;
  • permitir la monetización de Leliqs, al no encontrarse una tasa de interés que haga viable la renovación periódica de los depósitos en el sistema financiero;
  • un ajuste de shock, que determine unos nuevos equilibrios macroeconómicos.

Evidentemente, las opciones señaladas basadas en las “ideas” de la TMM solo han agravado el deterioro de la economía.

Una vez más, queda demostrado que la expansión irresponsable de la Oferta Monetaria tensiona al límite los desequilibrios impidiendo una administración sensata de los mismo.

Solamente un cambio conceptual en el Poder Ejecutivo Nacional allanará el camino que permitirá la implementación de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción, que logre la necesaria armonía entre el trabajo y el capital.

*Lic. Guillermo Moreno, junto con el Lic. Walter Romero, el Lic. Oscar Carreras y el Lic. Alejandro Álvarez.                                                                                                    

MM y Asociados

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