Peor el remedio que la enfermedad: los altos costos de la Salud son la causa de la expansión del coronavirus en EEUU

El aumento del número de casos de COVID-19 pone en jaque al sistema sanitario de EEUU. Miles de personas corren el riesgo de quedarse sin atención médica. Incluso los afiliados al sistema temen atenderse por los elevados costos de los servicios de salud.

Luego de que se conociera que Estados Unidos es el país con el mayor número de muertos por COVID-19, científicos y expertos en política de salud estadounidenses explicaron cómo una parte sustancial de la población de EEUU se ha encontrado en una situación tan desesperada. La pandemia de COVID-19 ha afectado rápidamente a EEUU, convirtiéndolo en el país del mundo con más casos confirmados de coronavirus —más de 400.000 infectados— y el primero también en número de personas fallecidas, rozando los veinte mil muertos. Lo más dramático de la catástrofe es que muchos ciudadanos, aún los que están afiliados al sistema de salud, no se acercan a los centros de salud por miedo al elevado costo de los servicios. Este es un factor que contribuye al crecimiento del número de casos.

La pandemia también ha cortado las cadenas de suministro y dio lugar al cierre de un gran número de pequeñas y medianas empresas, algo que provocó que casi 10 millones de personas presentaron reclamos de desempleo. EEUU es el único país de las 33 naciones industrializadas avanzadas que no ofrece una cobertura médica universal a todos sus ciudadanos, independientemente de su capacidad para pagar. Los expertos estadounidenses en política sanitaria han explicado cómo afecta el sistema de seguro de salud de EEUU su capacidad para hacer frente a la pandemia de coronavirus.

Los estadounidenses pueden acceder a la atención médica a través de un híbrido de programas de seguro federales, estatales o de financiación privada. Sin embargo, este mosaico tiene una brecha de 27 millones de personas sin seguro, abandonadas a su suerte en plena crisis de COVID-19. El aumento del desempleo, causado por las perturbaciones económicas relacionadas con el coronavirus tampoco lo hace más fácil, ya que muchos pierden tanto su trabajo, como sus planes de seguro médico.

Durante la última década, las autoridades de EEUU han intentado ampliar la cobertura de atención médica. De acuerdo con el estudio realizado por Kaiser Family Foundation (KFF), la mayoría de las personas sin seguro son familias de bajos ingresos con al menos un miembro de la familia que trabaja. La Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA, por sus siglas en inglés) implementada por Barack Obama ayudó a expandir el programa Medicaid y, por consecuencia, reducir el número de personas sin seguro desde 46,5 millones en 2010 hasta menos de 26,7 millones en 2016. Sin embargo, en los años posteriores, el número de individuos no asegurados de la edad no avanzada comenzó a aumentar constantemente, llegando a 27,9 millones en 2018. “Estas son las cifras nacionales que reflejan la implementación de la ACA, que se firmó en 2010 y entró en plena vigencia en 2014”, explicó Anthony Wright, director ejecutivo del grupo de defensa Health Access California.

De acuerdo con Wright, el creciente número de personas no aseguradas pudo haberse originado en una serie de medidas adoptadas por la Administración Trump, en particular:

  • La reducción del período de inscripción abierta para los mercados administrados a nivel federal;
  • La ampliación de la disponibilidad de los denominados planes basura, que no cumplen con las reglas de la ACA;
  • Ahora es más difícil para las personas permanecer en el Medicaid a través de los requisitos de trabajo, agregó el experto.

Mientras tanto, el estudio de Kaiser Foundation demostró cuáles son los grupos de ciudadanos estadounidenses que no tienen ningún plan de seguro médico. En particular, el 45% de los adultos sin seguro admite que la cobertura médica es demasiado costosa, mientras que muchos no tienen acceso a ella a través del trabajo. Algunos ciudadanos, que viven en los estados que no ampliaron el Medicaid no son elegibles para recibir asistencia financiera. Al mismo tiempo, hay quienes que sí son elegibles, pero simplemente no están al tanto de que pueden obtener ayuda, y algunas personas no pueden solicitar la ACA, ya que tienen ingresos por encima del nivel necesario como para recibir asistencia financiera.

“Sin acciones adicionales, las personas sin seguro se mostrarán renuentes a pasar por las pruebas y el tratamiento que necesitan, por temor a consecuencias financieras”, subrayó Wright, quien agregó que “esto no solo afecta a estos pacientes y sus familias, sino también a la capacidad de nuestra salud pública para sacarnos de esta crisis”.

Los problemas crónicos en la organización del sistema de salud en EEUU lo dejan particularmente mal preparado ante una pandemia como la del COVID-19, afirma el profesor Timothy Jost, de la escuela de derecho de la Universidad Washington&Lee. Actualmente, los estadounidenses de edad avanzada —de 65 años o más— y algunas personas más jóvenes con discapacidad están asegurados a través del programa nacional Medicare, mientras que las personas pobres tienen acceso a los seguros del programa federal y estatal Medicaid.

Sin embargo, los planes de seguro de Medicaid son diferentes en distintos estados, y aproximadamente un tercio de ellos no cubre a muchos adultos de bajos ingresos, señaló el profesor. Y mientras que algunos de los ciudadanos se pueden permitir los planes de seguro de salud individuales, “casi la mitad de los estadounidenses está cubierta a través de su empleo”, agregó. El problema es que, mientras que 27 millones de personas no tienen seguro médico, millones más pierden tanto su empleo como su cobertura de salud, subrayó Jost.

Pese a que las pruebas de coronavirus ahora son gratuitas para todos los ciudadanos gracias a una ley recientemente aprobada por el Congreso de EEUU, ningún plan de seguro comprende las sumas casi astronómicas a las que se puede enfrentar una persona infectada por COVID-19 durante el tratamiento. De acuerdo con un análisis realizado por la organización independiente sin fines de lucro FAIR Health, en este caso, un estadounidense sin seguro tendría que pagar alrededor de 73.300 dólares por 6 días en el hospital. “Los hospitales suelen proporcionar pruebas y tratamiento a las personas sin seguro, pero luego, pueden cobrar por los servicios que brindaron, lo que lleva a los pacientes a la bancarrota”, explicó el científico.

Incluso las personas aseguradas no se sienten lo suficientemente seguras, ya que los altos costos de los artículos no cubiertos por el seguro siguen siendo altos. Según Gallup, en 2019, el número récord de 25% de los estadounidenses tuvo que posponer el tratamiento de una enfermedad grave y, un 8%, el de una condición médica más leve, debido a su costo. “La mayoría de las coberturas de seguro médico cuenta con los llamados costos compartidos, de modo que los pacientes a menudo terminan pagando parte del tratamiento, aunque hasta el momento, esto no afecta a las pruebas”, declaró Jost. El analista agregó que “muchos estadounidenses con alto porcentaje de costos compartidos evitan pasar por el tratamiento hasta en tiempos normales, y en una crisis económica como la actual, esto se vuelve aún más problemático”.

El tratamiento del COVID-19 tendrá un precio bastante alto incluso para los estadounidenses que tienen seguros, de acuerdo con el estudio de FAIR Health, puesto que los gastos de bolsillo de los clientes de los proveedores de la red pueden ascender a entre 21.936 y 38.755 dólares, en función del porcentaje de costos compartidos de su programa de salud. No obstante, en caso de que su compañía de seguros considere que el tratamiento no forma parte de su red, los costos pueden alcanzar hasta los 74.000 dólares. Y no es que el tratamiento del COVID-19 sea algo exclusivo: el hecho es que la atención médica es bastante costosa en EEUU.

Hace 3 años, Ester Bloom, de CNBC, calculó cuánto gastaba en atención médica un estadounidense promedio y descubrió que los costos anuales por persona en 2017 eran 9 veces más altos que en 1960. De acuerdo con los datos de eHealthInsurance, las primas de los seguros para las personas no subsidiadas alcanzaron los 440 dólares al mes, mientras que el deducible anual para planes individuales llegó a 4.578 dólares. En general, los estadounidenses pagaron 3.600 millones, o 11.172 por persona, por atención médica en 2018, según datos de los Centros para los Servicios de Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés), algo que es más del doble del promedio per cápita en otros países desarrollados. Estas cifras crecerán un 5,4% al año y alcanzarán 6.200 millones para 2028.

El CMS informó también de que la mayor parte del gasto total en atención médica es financiada por el gobierno federal (28,3%) y los hogares (28,4%), mientras que las empresas privadas, los gobiernos estatales y otros ingresos privados constituyen el 19,9%, el 16,5% y el 6,9%, respectivamente. “A pesar de las numerosas reformas de la política de salud, los precios en la industria sanitaria son la razón principal por la que EEUU gasta más en la atención sanitaria”, indicó Wright. El experto subrayó que “el precio inflado de la atención médica no tiene que ver con el costo de la atención ni de su calidad o resultados. En algunos casos, están más relacionados con la consolidación desenfrenada dentro del sistema sanitario, mientras que otros fallos del mercado también aumentan los costos”. Se trata de facturas médicas que llegan por sorpresa o de los fabricantes de medicamentos que arrinconan al mercado de genéricos, por ejemplo. “Esencialmente, los consumidores no son capaces de negociar el costo de la atención, y tampoco tienen una posibilidad de darse una vuelta para comparar precios o decir no a la atención necesaria”, explica.

Ahora que EEUU se enfrenta a una crisis pandémica sin precedentes, es tiempo de “reconocer que la atención médica no es un producto, sino un sistema que necesita inversiones”, subrayó el experto. “Nuestro sistema de salud es más fuerte cuando todos están incluidos, y esto es aún más cierto durante una pandemia”, concluyó.

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