Estados y corporaciones: el contraataque de las naciones frente al avance de los gigantes tecnológicos

A los intentos de la UE y los EEUU por frenar el monopolio de los grandes conglomerados de empresas que operan por internet, recientemente se sumó China, con el objetivo de garantizar la competencia en un sector acaparado por un puñado de compañías.

En un principio fue Europa, luego los Estados Unidos y ahora, China. Las autoridades de las principales potencias del mundo están llevando adelante intentos deliberados por limitar la influencia de los gigantes tecnológicos, en la era de las telecomunicaciones y el crecimiento exponencial de la participación de las compañías de mass media y redes sociales en el PBI mundial. Hace pocos días, el Estado chino publicó una serie de reglamentaciones destinadas a poner algo de coto a las prácticas potencialmente abusivas de parte de empresas del sector, adhiriendo así a los esfuerzos realizados por otras naciones.

Alrededor del mundo, las críticas de parte de los Estados nacionales hacia las compañías que operan por internet, como Google y todos sus productos, Facebook, Twitter o Amazon se están repitiendo con una frecuencia cada vez mayor, pues resulta cada vez más evidente que se encuentran fuera de todo control estatal, constituyéndose en una auténtica élite supranacional. Un caso paradigmático de esa operatoria que sobrepasa a las autoridades de las naciones soberanas tuvo lugar durante las primeras semanas del pasado noviembre, cuando Twitter, Facebook y los medios dominantes norteamericanos se pusieron de acuerdo en censurar las intervenciones públicas del presidente de los Estados Unidos Donald Trump.

Otras acusaciones que pesan sobre los gigantes de la comunicación son las del manejo oligopólico de los mercados, la competencia desleal, el uso indebido de los datos personales de los clientes registrados en sus bases de datos y la fagocitación de empresas de menor envergadura que hubieran podido poner en peligro su supremacía a nivel de mercado.

“Alrededor del mundo muchas personas están percibiendo cada vez con mayor frecuencia que estas empresas están causando multiplicidad de problemas de diversa naturaleza, por lo que los gobiernos están comenzando a analizar cómo enfrentar ese problema”, afirma Charlotte Slaiman, directora de Políticas de la Competencia de la organización norteamericana Public Knowledge.

Qué están haciendo las autoridades alrededor del mundo

Las reglamentaciones dadas a conocer recientemente en China establecen normas que impiden a las empresas que se desarrollan vía internet efectuar compras o ventas de activos con el propósito de eliminar a la competencia. Asimismo, estipulan sanciones para aquellas empresas que comercialicen o utilicen indebidamente los datos personales de sus clientes. El anuncio de realizó pocos días después de que el gigante Ant Group suspendiera su lanzamiento en el mercado de valores de Shanghái y Hong Kong, que hubiera sido la mayor salida a bolsa de la historia, pero que finalmente fue denegado por el Banco Central Chino.

Aunque las pioneras en dedicar sus esfuerzos en mantener a raya a las empresas de internet han sido las autoridades de la Unión Europea. La Comisión Europea publicó allí por inicios de noviembre las conclusiones preliminares de su informe sobre la situación de Amazon, empresa acusada de violar las normas de competencia. La denuncia, que se inició en julio, podría implicar para la empresa del magnate Jeff Bezos una multa de USD 19 mil millones. Así, la Unión Europea estaría poniendo un límite a otra compañía norteamericana, luego de hacer lo propio con Apple y Google.

Esta última empresa ha sido acusada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos de constituirse en una “guardiana” de las búsquedas por internet, monopolizando el 80% de las mismas y priorizando sus productos en contra de las leyes de la competencia que rigen en ese país. Sin embargo, las autoridades de la empresa aducen que “las personas utilizan Google para realizar sus búsquedas porque quieren, no porque no existan alternativas”.

Sea como fuere, la iniciativa se suma a otras iniciadas contra Amazon, Apple y Facebook, para dar cuenta del interés reciente de los Estados Unidos por regular una actividad que otrora operaba de manera silvestre. Al respecto, explica Slaiman: “En los Estados Unidos prevaleció durante mucho tiempo la idea de que la innovación tecnológica debería evolucionar libremente, pero ahora está claro que la ausencia de competencia perjudica esa innovación y que es preciso dar fin a los privilegios de las grandes corporaciones sobre sus propios productos, para salvaguardar la actividad”.

Cómo se regula a los gigantes del capitalismo digital

Independientemente de las sanciones a los excesos ya cometidos, el verdadero desafío de los Estados es establecer normas que impidan a las empresas seguir abusando de su posición dominante. Esa preocupación ya alcanzó la arena legislativa. El pasado octubre, un comité de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos emitió un documento que declaraba que “las empresas de tecnología tienen demasiado poder y que ese poder se debe regular”. Sin embargo, la ausencia de acuerdos parlamentarios entre demócratas y republicanos a lo largo del periodo de transición presidencial parecen tornar imposible la sanción de legislación alguna al menos antes de la asunción del presidente electo Joe Biden.

Meses antes, un informe de la Autoridad de la Competencia y los Mercados del Reino Unido concluyó que su influencia no es suficiente para hacer frente a la posición dominante de empresas como Facebook o Google, por lo que proponía la creación de un organismo específico para la regulación de los mercados digitales “con el poder de imponer un código de conducta que regule el comportamiento de las plataformas que dominan el mercado”.

Sin embargo, la especialista Slaiman se muestra escéptica: “No sabemos cómo va a terminar esto, pero sin lugar a dudas es un problema latente que va a exigir de todo el esfuerzo de los Estados nacionales para que sea encarado de la manera más adecuada”. Probablemente, las investigaciones se extiendan por años y seguramente la cuestión se resolverá obligando a las principales empresas a subdividir su capital en empresas subsidiarias, lo que no parece una solución efectiva a un problema cada vez mayor, tomando en cuenta la existencia de conglomerados empresariales que, si bien en los papeles responder a diversos organigramas, en la práctica siguen respondiendo al mismo grupo.

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