“La guerra de guerrillas de Güemes le permitió le permitió al general San Martín elaborar atacar a los realistas en el Alto Perú”

En el 199°. aniversario del fallecimiento del General Martín Miguel de Güemes, el titular del Museo Histórico Nacional Gabriel Di Meglio repasa la importancia histórica de la figura del prócer salteño y de sus gauchos para la gesta independentista.

Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Martín Miguel de Güemes, entrevista al historiador, investigador del Conicet y exdirector del Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, Gabriel Di Meglio, quien recientemente fue nombrado al frente del Museo Histórico Nacional.

Docente de historia argentina en las carreras de Historia en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de San Martín, Di Meglio es autor, entre otros títulos, de Historia de las clases populares en la Argentina (2012) y ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la Revolución de Mayo y el rosismo (2006). Condujo varios ciclos televisivos sobre historia en Canal Encuentro, como Bio.ar, Historia de un país, La historia en el cine, Bajo pueblo y el dibujo animado de PakaPaka La asombrosa excursión de Zamba, entre otros.

—¿Cuál es la importancia de Güemes en la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata? ¿Cuáles son los hitos centrales de su accionar militar en esa gesta?

—La importancia de Güemes es fundamental en el plano militar, en tanto y en cuanto a partir de 1814, queda a cargo de las que se convirtieron de hecho en las fronteras entre los territorios revolucionarios y los territorios en manos de los realistas. Y lo es sobre todo a partir de que en 1816 son vencidas, en su mayoría, las guerrillas altoperuanas que luchaban a favor de la revolución. Por lo tanto, el sistema de guerra de guerrillas que condujo Güemes en Salta y en Jujuy se convirtió en una herramienta muy eficaz que le permitió a la revolución custodiar la frontera norte, y le permitió al general San Martín elaborar el proyecto para atacar a los realistas en Chile y no ya en el Alto Perú (como se había hecho hasta entonces) para, después sí, avanzar hacia Perú; un plan que termina saliendo bien y que permitió la destrucción de los baluartes de poder realista en el sur de América. En este sentido, es evidente que sin la llamada “Guerra Gaucha” en el norte argentino, la guerra de la Independencia no podría haber sido ganada. Más que las acciones militares en sí mismas, lo que resulta clave es que las fuerzas de Güemes obligan a las tropas realistas a tener que evacuar Salta y retornar al Alto Perú. Los combates en general fueron de bastante poca envergadura, más allá de lo relevantes que hayan sido para ese estilo de guerra.

—Si bien hoy existe consenso en torno a la figura de Güemes como figura central de la emancipación americana, ¿cuál fue la valoración que se tenía de Güemes por sus contemporáneos, como Belgrano y San Martín? ¿Cómo era visto desde el gobierno central de Buenos Aires, más allá de sus éxitos militares?

—Güemes tuvo mucha oposición en su propio grupo social. Entre la élite salteña, muchos lo apoyaron y muchos le temieron y odiaron. Fuera de Salta creo que hay un cambio: cuando llega al poder con esa enorme base de apoyo que tenía en 1815 y se convierte en el primer gobernador elegido localmente en Salta, frente a quienes hasta ese momento eran dirigidos por el gobierno central de Buenos Aires y antes por autoridades coloniales, genera un temor muy particular entre los grupos más centralistas porteños, que creen que quienes ellos llamaban “agentes de la anarquía” podían llegar al poder en oposición a una política centralizada; esto ocurre en varios lugares a partir de 1815. Muchos, por ejemplo, temían que Güemes se convirtiese en un nuevo Artigas, alguien que pudiera construir un modelo alternativo al del predominio porteño en las provincias unidas. Pero cuando Güemes no hace esto último, sino que por el contrario se alía con ese gobierno central, se convierte en una figura muy respetada. Baste con recordar que el congreso de Tucumán elige como director supremo al porteño Juan Martín de Pueyrredón en 1816, y esto hace que Güemes se convierta en un baluarte del gobierno central, justamente porque cumple una función militar clave para el plan de la invasión sanmartiniana a Chile para luego ir a Perú. Esta facción que tomó el poder, esta alianza entre Pueyrredón, San Martín y Güemes funcionaría como un triunvirato, y Belgrano en tanto alguien que se queda en la retaguardia controlando el orden interno a favor del gobierno central, se convierte en un grupo de mutuo respeto y mutuo apoyo, se da una alianza muy fuerte.

—Vos como investigador trabajaste especialmente la cuestión de la participación de los sectores populares durante el periodo revolucionario y de cómo su participación en las milicias de alguna manera conmociona el orden social de entonces. En el caso de Güemes, el gauchaje no sólo representa su base militar sino también su base política. ¿Cómo tensiona esto con las élites de aquel entonces? ¿Empieza a generar temores en Buenos Aires?

—Yo trabajé la participación popular en Buenos Aires, pero hay muy buenos trabajos de los historiadores Sara Mata y Gustavo Paz para lo que se conoció como el “Sistema de Güemes” y su relación con las clases populares, en particular los de Sara Mata para Salta y los de Gustavo Paz para Jujuy. Lo que ellos muestran es justamente que la base social de Güemes es muy amplia y que hay una negociación permanente con sus seguidores. Con la creación de la figura del fuero militar por ejemplo, los paisanos son juzgados por sus acciones por los propios oficiales y no por la justicia ordinaria; por ejemplo, si capturan vacas para comer en la acción y que pertenecen a algún hacendado local. Y el otro factor central es haberles perdonado el pago del arriendo, el alquiler de la tierra mientras estuvieran prestando servicios militares, y durante varios años grandes propietarios salteños y jujeños no van a cobrar sus rentas de la tierra… Todo esto contribuye al gran apoyo popular que recibe Güemes. Por otro lado, estos trabajos también muestran que a través de Güemes se canalizan reclamos por la redistribución de la riqueza, de exhortación por una igualdad racial aparecen en el proyecto, y eso va a generar varios temores en particular a nivel local, entre la elite jujeña y la elite salteña más que en Buenos Aires, que en ese contexto está más bien preocupada por la situación con el artiguismo y por las tierras que controla a escasos kilómetros de la capital.

—Teniendo en cuenta que ambas ocurren en simultáneo, ¿cuáles son las semejanzas y las diferencias entre las experiencias de Güemes y José Gervasio Artigas? ¿Es posible ver en ambas figuras el germen del federalismo?

—Respecto de la relación entre Güemes y Artigas que es una pregunta muy interesante, hay sin embargo un aspecto diferenciador: por un lado el artiguismo, con la creación en 1814 de la Liga de los Pueblos Libres, nuclea la oposición al centralismo a partir de los pueblos de lo que había sido, en su momento, la gobernación-intendencia de Buenos Aires, y por eso también nuclea a la banda oriental con Entre Ríos, con Santa Fe, con Corrientes y con parte de las Misiones. Ahí se genera un modelo alternativo que propone una confederación, es decir, directamente hay un sistema revolucionario rival al otro sistema revolucionario inicial. En cambio, si bien en 1815 Salta se autonomiza al igual que La Rioja y Córdoba, es sobre todo a partir de la alianza de esta última con Salta y el contrapeso que ejercen ambas a la autoridad central —muy debilitada para ese momento— del gobierno en Buenos Aires. Esto hace que varios allí comparen a Güemes con Artigas, pero este temor se disipa con la llegada de Pueyrredón como Director Supremo. Por otro lado, con los acuerdos que logran las elites de las distintas provincias en el congreso de Tucumán —aunque sean efímeros por un tiempo—, Güemes construye una relación sólida con Pueyrredón, el nuevo director supremo, porteño, centralista pero que le permite mantener el manejo local. Güemes no va a ser alguien que proponga un sistema anti-centralista, conserva la autonomía provincial pero no se opone al modelo de centralismo con sede en Buenos Aires, y eso lo hace muy distinto a Artigas. Si bien tienen otras semejanzas, por ejemplo su estilo de liderazgo y de estar atentos a los intereses populares. Pero también hay otra diferencia, evidentemente Artigas es claramente el inicio del federalismo, y al caso de Güemes yo no lo pondría en esa tradición, en el sentido de que no propone un modelo federal como el primero, o como los casos de Estanislao López y Francisco Ramírez.

—Por último, ¿cómo fue su reconocimiento en el “panteón nacional”? ¿De qué manera se lo caracterizó en los inicios de la historiografía argentina, particularmente desde la visión liberal-conservadora?

—Güemes siempre tuvo un lugar importante en un panteón nacional. Si bien es cierto que cuando Bartolomé Mitre escribe sus obras —que son muy fuertes para el desarrollo de la historiografía argentina después— y elige para contar a la Revolución de Mayo la figura de Belgrano como gran héroe, y después para contar la emancipación, la Guerra de la Independencia, elige la figura de San Martín, los ubica en el lugar más importante del panteón, algunos lo van a discutir. Dalmacio Vélez Sarsfield, por ejemplo, va a decir que Güemes es una figura fundamental ya desde mediados del siglo XIX. No es que Güemes tuviera un lugar marginal. Uno puede encontrar una presencia al menos discutida, en ese panteón, a diferencia de otros nombres de “caudillos” que hasta hace un tiempo no se encontraban en las calles ni en los espacios públicos argentinos, como Rosas, Facundo Quiroga o Francisco Ramírez. Es algo que sucedió muchísimo más tarde; sólo Urquiza tuvo un reconocimiento nacional masivo, y el otro es Güemes. Su culto en Salta es muy significativo, después de un gran rechazo inicial de buena parte de sus élites. Pero siempre fue una figura que tuvo una resonancia mucho más allá que la de su tierra de origen, y estuvo considerado como uno de los personajes fundamentales de la historia argentina desde sus inicios. Recién en estos tiempos tuvo un feriado, y no es alguien al que se le haya declarado hace poco, dado que casi a ningún héroe se le declaró un feriado en el siglo XIX a excepción de Belgrano y San Martín, justamente, los prototipos de ese panteón inicial de héroes. Quizá la incorporación más reciente en ese caso es la de Juana Azurduy, que sí ha tenido una valoración mayor en la actualidad, y además es la primera vez que hay una heroína en el panteón de ese período.

You cannot copy content of this page